miércoles, 7 de noviembre de 2012

La atalaya silenciosa.

En el reino de la tarde ámbar  cuando las vendas juegan libres y los chocolates amargan el paladar... subo hasta las cumbres de mi atalaya para ver el camino recorrido por la presencia inmutable, aplaudible, que enceguece y anuncia la llegada de una era incierta.

Juega en los campos lejanos aún, entregándose a los vientos, los junta y los trenza en miradas lejanas que llegan hasta mis aposentos y me arrancan una sonrisa.

El tiempo pasa y la atalaya silenciosa de vez en cuando cruje, mantiene los cerrojos echados que oxidados están  En ellos habitan los insectos del olvido metálico que provocan la muerte de las defensas instantáneas .. el pasto se mueve temeroso de esta silenciosa acción.

De la nada las risas lejanas ahuyentan mis pensamientos ensimismados y preocupantes, matan el veneno paranoico que ahora es una botella rota en el suelo y lentamente esas risas sanadoras se cuelan en mi.

Miro tiritante la orilla de la atalaya y trato de observar de reojo una vez mas el visitante incorpóreo que me visita en esta tarde de color cálido y alegre. Hay veces que no le veo presente, sin embargo, aún escucho la risa de un alma juguetona y pasiva... Se que le veré pronto, tal cual le he visto en sueños. El viento me trae noticias sobre todo lo que ocurre en el universo, de como las estrellas marchan, anunciando a la presencia finita y falaz que me arrancara la razón...una vez mas.



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