Existen lugares como los "Campos Elíseos" donde yace la mascara enterrada del dolor inmenso por la persistencia del recuerdo ennegrecido, donde una vez compartí el verde de los sueños naturales con mis alas.
Rondan las voces en aquella casa amarilla y luminosa, cual si fuera la fiesta de todos los días en un lejano rincón de la ciudad gris.
Pilares roídos que van por toda una caminata larga, por donde "héroes" dejan su nombre y transcriben sus pasiones en malversadas tardes de placer.
Cierta noche, en medio del desconocimiento, llegué a la casa infinita, donde el negro estupor de la noche me invito a ser absorbido por la curiosa selección de colores que transmutan ante los ojos invisibles de los ciegos corazones ahí presentes. Esa casa infinita, donde se ha refugiado por tantos años el color que enceguece, deja ante mi, el abismo de su negro interior a falta de la luz guía y la forma exacta del aposento encuadrado al final del recorrido. Reflejos que transmiten profundidad y somnolencia, ante el particular aroma de la casa infinita... yo lo se, porque estuve esa noche, y fue muy interesante.
Continuaran existiendo lugares así, lugares como la Casa Infinita, los Campos Elíseos, El hogar amarillo de las fiestas, El viejo mundo... el nuevo mundo, donde todos y nadie a la vez nos reunamos para una vez mas, encuadrar y descuadrar nuestras palabras.

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